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Llegó el momento de afinar motores

5 de septiembre de 2011

Adrián Catrileo S. Ing. Agrónomo MSc Ph. D Especialista en bovinos de carne Inia Se espera que la población mundial para el año 2050 haya crecido de 6 mil a 9 mil millones de habitantes y, por lo tanto, habrá que producir más con menos. Lo anterior, sujeto a preocupaciones crecientes por el efecto de la producción de carne sobre el medio ambiente. Aún cuando enfermedades como la vaca loca han ido en retroceso y la fiebre aftosa se sigue controlando, la presión de la actividad productiva sobre el medio ambiente es de creciente preocupación por la industria, autoridades de gobierno y los consumidores, en particular la huella de carbono y su efecto en el cambio climático, en parte atribuida a la actividad metabólica de los rumiantes.

No obstante lo anterior, los expertos internacionales concuerdan en que seguirá existiendo una demanda sostenida por proteína animal, que ha mostrado un crecimiento sostenido en las últimas décadas en especial en los países en desarrollo. Al analizar los últimos 30 años, la FAO señala que el mayor crecimiento del consumo de proteína animal en la última década se ha registrado en África (70,2%), el sudeste Asiático (48,7%) y en América del Sur alcanzó 32,2%.

Sin embargo, esta mayor demanda por productos cárnicos estará sujeta a mayores restricciones tanto de calidad como de proceso, lo que ha llevado a definir a la carne vacuna como un objeto de lujo.

Dentro de la perspectiva global, es evidente el enorme potencial con que cuentan los países del Mercosur, aunque también se reconoce una baja en la productividad actual en comparación con los países desarrollados. Esto demuestra que hay una enorme brecha sobre la cual trabajar para aumentar la productividad y potenciar su presencia en los mercados.

Dentro de los mercados de elite, la Unión Europea acaba de crear una cuota especial de compra para carnes de calidad de 20 mil toneladas anuales libres de arancel, a la cual ya están habilitados Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia y recientemente Uruguay. La cuota representa carne producida con al menos 100 días de estabulación, con una alimentación con grano que exprese características de valor como terneza, marmoreo, entre otros.

En general, los expertos en mercado internacional señalan que el futuro es promisorio si se agrega que la demanda mundial crecerá producto del crecimiento demográfico y el aumento de los ingresos.

¿Cuáles son las perspectivas para Chile?

Para la realidad nacional, no cabe duda que el pollo y el cerdo seguirán teniendo una producción fuerte, como lo indica la mayoría de los especialistas y las estadísticas oficiales del INE; además, la trayectoria exportadora que han desarrollado estos dos rubros en el país, en cuanto a volumen y calidad, señalan un crecimiento anual y son reconocidos en los mercados más exigentes.

Dada su reducida masa ganadera, es esperable que Chile no pueda competir por volumen. Las características de su producción, esencialmente pastoril, su condición sanitaria y la explotación de sus atributos y marcas deben ser objetivos productivos de la industria, cuyo destino sea el mercado nacional e internacional. Producir ganado trazable, bajo normas de Bienestar Animal, libre de hormonas y el no uso de desechos animales en la alimentación, sin duda ofrecen grados de diferenciación de calidad para los consumidores, en especial por aquellos dispuestos a pagar por esta condición de mayor calidad. Incluso, la posibilidad de optar a parte de la cuota de carne de calidad de la UE, también sería factible.

Sin embargo, independiente del sistema de producción, la oferta de carne bovina de calidad se debe hacer con un enfoque de cadena, donde se beneficien la industria frigorífica, comercializadores intermedios y los productores. Por otro lado, la distancia del país con los mercados pone un signo de interrogación a las emisiones de gases con efecto invernadero que la actividad está generando. En consecuencia, debe darse énfasis a estudios con validez científica, que no sólo determinen los niveles producidos por la actividad sino, además, hagan más eficiente el uso de la energía de los procesos antes y después de la generación del producto y permitan así acceder a los consumidores carne bovina de alto valor, inocua y obtenida en forma sustentable

Fuente. Revista del Campo - El Mercurio

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