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Agroenergía, aún demasiado verde

22 de noviembre de 2010

Mejorar la huella de carbono de los productos exportados o diversificar la matriz con agroenergías son parte de los ajustes necesarios. Sin cambios, podría estar en juego la ya complicada competitividad de las agroexportaciones.
Martina Salvo de Oliveira Aunque suene contradictorio, Chile está "verde" o en pañales en materia de energías limpias. Pese a que en el mundo la tendencia apunta a cambiar las actuales fuentes energéticas en base a combustibles fósiles por energías renovables, lo cierto es que en Chile se avanza a paso lento... muy lento.

Hoy, las centrales termoeléctricas de carbón, petróleo, gas natural y las hidroeléctricas de embalse, siguen conformando casi la totalidad del escenario nacional energético. Para ser exactos, según cifras de la Asociación Chilena de Energías Renovables, ACERA, sólo el 1,8% de las fuentes energéticas se producen a partir de energías renovables no convencionales (ERNC), lo que es poco, comparado con países como China, Estados Unidos e India, que vienen dando cátedra sobre incentivos para la inclusión de este tipo energías. Y no sólo las grandes potencias marcan tendencia. Mucho más cerca, específicamente en Costa Rica, se viene desarrollando hace años un ambicioso plan para ir reemplazando la base de la generación energética. De aquí al 2024 su compromiso es tener el 100% de las energías del país en base a ERNC.

Sin embargo, en Chile, más allá del discurso, en el tema se va piano, piano. El problema es que la demora en subirse al carro podría significar aumentar, en el mediano plazo, el impacto en la ya vapuleada competitividad del agro. Para ser potencia alimentaria no basta con producir volúmenes y calidades óptimas, además hay que contar con indicadores positivos de emisiones y un historial comprobado de buenas prácticas

Ya es conocido que las energías en base a combustibles fósiles -altamente contaminantes y al mismo tiempo depredadoras de recursos naturales no renovables- están siendo reemplazadas por energías que impactan menos el ambiente. Paralelamente aparecen en los mercados conceptos como la ya mentada huella de carbono, donde se privilegian los productos que exponen mejores indicadores de emisiones en el proceso productivo y de transporte. Exigida por los consumidores, la huella de carbono ya se ha transformado en parte de las legislaciones de algunos países, como en Francia, que están estableciendo los parámetros y requerimientos para los artículos que importan.

Si la generación energética de un país está basada en combustibles fósiles, la huella de carbono -y probablemente otros parámetros medioambientales- se eleva y la competitividad de los productos cae, incluso los del agro. Por ello tener energías verdes no sólo es sustentable a nivel medioambiental, es sinónimo de negocios y competitividad.

El problema es que hoy Chile sigue siendo un país "carbonero", ya que la mayor parte de su matriz energética es a partir del carbón, seguido por el petróleo y el gas natural. Aún más, produce sólo el 32% de la energía que necesita, la demás se importa.

"Para un país exportador de recursos naturales y productos, no hacerse cargo de los cambios que requiere la matriz es realmente dispararse en los pies, porque abre un flanco de vulnerabilidad más allá de lo aceptable", sostiene Sara Larraín, directora de Chile Sustentable.

Aún así, en Chile pareciera que el escenario no va a cambiar en el corto plazo.

Según cifras de Chile Sustentable, sobre el 60% de los proyectos que se están evaluando actualmente en el país son en base a combustibles fósiles. Tal dependencia complica la aspiración de avanzar hacia una economía con baja huella de carbono.

"Vamos para el lado equivocado hacia donde debiéramos avanzar", sostiene Larraín.

Diversificar la matriz y avanzar en materia de ERNC permitiría desarrollar fuentes verdes que den, a lo menos, un respiro a la actual concentración y dependencia energética de otros países, con el plus de contribuir a la disminución de las actuales emisiones contaminantes y haría del país un mercado exportador más competitivo con buenos indicadores como la huella de carbono.

Desde la agricultura hay alternativas que cobran fuerza en lo referente a la generación de agroenergías renovables.

Una en la que ya hay algunos estudios es la instalación de minicentrales de paso en los cauces de agua interprediales. Se trata de la instalación de sistemas que generan un abastecimiento eléctrico utilizando la fuerza del agua de los canales, la que puede ser utilizada en forma interna en los mismos campos o para aportar en la iluminación de localidades, disminuyendo así la demanda sobre el sistema generador central.

Los biocombustibles, una opción en proceso

Mientras Estados Unidos produce bioetanol a partir del maíz y Brasil hace lo suyo desde la caña de azúcar, Chile avanza en proyectos que han tenido como base la jatropha -en que hay un par de estudios en reproducción de la especie en el norte del país-, el nabo forrajero, el maíz (aunque éste ha demostrado que no es energéticamente eficiente) y el último producto estrella que ha tenido gran protagonismo: las algas.

Tal es el boom del cultivo marino que a principio de año, el Gobierno anticipó fondos para avanzar en la generación de biocombustibles a partir de algas por 30 millones de dólares. A esto se suman proyectos de privados y universidades. En la empresa Bio Arquitecture Lab, han aprovechado las características de la costa nacional para cultivar huiro a través de un sistema de redes. Algo similar están desarrollando la Universidad de Antofagasta junto a la Universidad de la Frontera, a partir de microalgas.

"Estamos evaluando el potencial de la microalga como biodiésel a través de un Consorcio Tecnológico Empresarial entre la industria y nosotros. Proyectamos un trabajo conjunto que de aquí a cinco años entregará potentes resultados", explica Mariella Rivas, una de las investigadoras y académica de la Universidad de Antofagasta.

Un área en el que se está avanzando también es en la generación de bioetanol a partir de lignocelulósicos, es decir de desechos de madera. En eso está el consorio BioEnercel. Conformado por la Universidad de Concepción, CMPC Celulosa, Masisa y Celulosa Arauco y Constitución en conjunto con otras universidades y centros tecnológicos, el objetivo del organismo es desarrollar proyectos que propongan una alternativa viable al problema energético del país a partir del desarrollo de tecnologías y capacidades humanas que permitan implementar en Chile la industria de biocombustibles. A mediados de la semana pasada firmó un acuerdo con el laboratorio de Ciencia y Tecnología de BioEtanol de Brasil, el centro de biocombustibles más grande de Sudamérica, para trabajar en el tema

El uso principal del bioetanol es como combustible de vehículos, lo que significaría disminuir el uso de petróleo y la contaminación, bajando así en forma importante la huella de carbono. Pero, además, el biodiésel puede ser utilizado para hacer andar turbinas y motores de gran tamaño, por ejemplo, eventualmente un generador eléctrico, lo que nuevamente podría ayudar a mejorar el impacto del uso energético del país.

Biogás como base energética

Aquí el sector agrícola tiene bastante que decir, pues se trata de obtener gas a partir de la biodegradación de materia orgánica -desechos vegetales y, también, animal-, lo que en países como Alemania es ampliamente utilizado e incluso sirve para la generación eléctrica y de calefacción de pueblos completos.

En ese contexto se destacan proyectos como el estudio para producir biogás a partir de residuos orgánicos, encabezado por la Universidad de Concepción. Para ellos, el biometano sería el gas con mayor potencial incluso para ser inyectado directamente a la red de gas natural. La idea del proyecto es producirlo a través de la degradación de residuos orgánicos, basura, lodo, estiércol de producción ganadera, entre otros desechos.

"Éste es un proyecto interesante porque detectamos posibilidades de biomasa desde distintos sectores como los vertederos, el rubro agrícola, forestal, ganadero, entre otros, para luego ver el potencial de biogás que podemos extraer de éste. La idea es que el estudio sirva a la comunidad y a la industria. Ya estamos trabajando con la Municipalidad de Coronel, que es uno de nuestros productores de biomasa", explica Andrea Moraga, investigadora a cargo del proyecto financiado por el Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico.

También las empresas han hecho lo suyo en lo referente al biogás. Metrogas en su planta La Farfana, está obteniendo un promedio de entre 50 mil y 60 mil metros cúbicos de biogás a través de un innovador sistema. También KDM en la ciudad de Tiltil, inauguró recientemente una planta que obtiene energía eléctrica a partir del biogás y promete pasar de los 2 megawatts (MW) iniciales de energía a los 14 MW en un año.

Y, por supuesto, hay iniciativas de privados, como la de Agrosuper, donde aprovechan los desechos de los cerdos para generar biogás que luego se transforma en electricidad que utilizan en su predio.

La biomasa tiene mucho que decir

Si bien la combustión a base de leña, muy extendida en la zona sur del país para consumo doméstico e industrial en cocinas y calefacción, conforma el 20% de la energía primaria que se genera en Chile y es la forma más habitual de encontrar combustión de biomasa, en el proceso se emiten gases altamente contaminantes, por lo cual no es una alternativa sustentable. Además gran parte del mercado para el producto es informal y por tanto poco regulado. Donde sí hay oportunidades interesantes, descubiertas por las forestales, es en el uso de biomasa para la generación de energía eléctrica. La biomasa es la materia orgánica e inorgánica como leña, residuos de madera y aserradero o carozos de desechos, los que se procesan y se convierten en una fuente energética de alto potencial, ya que este material es procesado y convertido en un generador de energía eléctrica que incluso deja cantidades que pueden ser introducidas en el sistema interconectado central.

En los últimos años, grandes empresas forestales han realizado inversiones en sistemas de cogeneración con biomasa, logrando una capacidad de 167 MW el año pasado, lo que representa un paso hacia adelante en materia de ERNC.

Aunque las iniciativas son destacables y proyectan el desarrollo nacional de la agroenergía verde, lo cierto es que los logros aún son marginales. Los 167 MW logrados a través de biomasa son incipientes comparados a los megawatts que generan los sistemas interconectados del norte, centro y sur -cuya base son el petróleo, carbón, gas natural e hidroelectricidad-, por alrededor de 13.137 MW, según estimaciones 2008 de la Comisión Nacional de Energía.

Las trabas para el desarrollo

Pese a que hay opciones detectadas y tecnologías disponibles para avanzar, por una u otra razón, no se han desarrollado ERNC con la fuerza que lo requiere el país. Los expertos coinciden en que faltan inversiones y subsidios que fomenten la ampliación de la matriz.

"Países que compiten con Chile en los mercados internacionales, cuentan con subsidios para estudios e incorporación de renovables a las empresas agroindustriales, muy superiores a los que tenemos disponibles", indica Ana María Ruz, directora del Programa Energía de Fundación Chile.

Esa es una razón. Pero no todo depende de programas de fomento y financiamiento. Hay mucho que se puede hacer a partir de lo que hay.

Una de las claves para revertir los indicadores estaría en fortalecer parámetros como la eficiencia.

Según Chile Sustentable, se estima que sólo con mejorar en eficiencia, en todos los puntos de la cadena, el país podría obtener el 1,5% de la energía anual que requiere.

"Todos los sectores deben intensificar su eficiencia. Canalistas, frutas, granos, lechería, vinos, forestales, entre otros, deben reutilizar sus desechos para generar bio energía. Con esto el escenario sería más auspicioso" sostiene Larraín.

Los expertos coinciden en que Chile ha desperdiciado su potencial para el desarrollo de ERNC.

"Economías similares a la nuestra como Nueva Zelandia, Perú y México, están apostando fuerte por las ERNC y es muy posible que dentro de poco saquen una ventaja en este sentido", explica José Ignacio Escobar, gerente general de Mainstream Renewable en Chile y vicepresidente de ACERA.

Los avances para instalar agroenergías en el país aún son incipientes, pero fomentar su desarrollo, al igual que el de otras alternativas como la energía solar, eólica, mareomotriz, geotérmica y nuclear, permitiría fortalecer el cómo se están haciendo los cambios en la matriz.

"Hay que estimular el desarrollo de otras energías, para que se complementen y se puedan reducir las actuales emisiones", indica Alejandro Jadresic, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Un mayor ahorro energético, la reducción de importaciones de combustibles, mayor competitividad internacional y el menor impacto contaminante en el medio ambiente, son sólo algunos de los beneficios que se podrían generar.

La diversificación energética de la matriz ya no puede esperar, tanto por la sustentabilidad como para la competitividad del negocio. El escenario al mediano plazo, dependerá de cómo el país enfrente dicho desafío.

Falta que los productores sean conscientes de la importancia de diversificar la matriz, de lo clave que es para su desarrollo y de los pasos que pueden dar en esa línea.

Invertir en ERNC sería invertir en el futuro. Mientras más se demore Chile, más compleja sería su inclusión en un escenario donde ser verde es, cada vez más, sinónimo de crecimiento y competitividad.

La visión del Minagri"Los biocombustibles de primera y de segunda generación tienen potencial para ser producidos en Chile. La estimación preliminar indicaría que existen cerca de 10 millones de toneladas de residuos silvoagropecuarios anuales que pueden ser destinados a la producción de biocombustibles sólidos, líquidos y gaseosos. En este sentido, el sector agrícola tiene un rol importantísimo respecto a la diversificación de la matriz energética. Varias entidades dependientes del Ministerio de Agricultura han desarrollado estudios. Una de éstas es el INIA, con proyectos como el del nabo forrajero para producir etanol o la jatropha, de donde podría obtenerse biodiésel. Además hemos recibido inquietudes del sector privado, en orden a hacer posible el uso de determinados cultivos para producir biocombustibles. Esas son parte de las alternativas", sostiene el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea.



Emisiones en ChileEl país no está tan mal comparado con otros en términos de emisiones de dióxido de carbono. "Por persona emitimos menos de un 20% de lo que emiten países desarrollados", afirma Ana María Ruz, directora del Programa de Energía de Fundación Chile.

El tema se complica al hablar de emisiones en el sector energía. Según Chile Sustentable, somos el único país de América Latina cuyo principal emisor de CO2 es el sector energético.

Primera micro red de ERNC en ChilePese al lento desarrollo, hay iniciativas innovadoras que se están ejecutando en el país, como la primera Micro red de generación eléctrica de ERNC, instalada hace un par de meses en la localidad de Huatacondo, I Región de Tarapacá. El proyecto, impulsado por la Minera Doña Inés de Collahuasi y la Universidad de Chile, permite a la localidad tener energía las 24 horas del día (antes tenían electricidad como máximo por 10 horas), a través de suministro solar, eólico y una unidad diésel. La iniciativa beneficia a los 80 habitantes de la zona.

Agricultura, energía y alimentación"En Chile se ha optado por no desarrollar los productos energéticos de primera generación -que generan almidón, azúcares fermentables y aceites- que son los que compiten más directamente con los alimentos", explica Edmundo Acevedo, director del Laboratorio de Relación Suelo, Agua, Planta de la Universidad de Chile.

Eso se comprueba en proyectos como el mencionado sobre biocombustibles de microalgas, producto que en principio, no es apto para el consumo humano y al estar en el mar no ocupa espacio de terrenos agrícolas, entonces no compite con la producción de alimentos.

Según estimaciones de la CNE, en el sector eléctrico al año 2008, el 1,6% de la energía del sistema se obtiene a partir de biomasa, el 1,2% desde pequeñas hidroeléctricas y el 10,6% corresponden a hidros de pasada.

¿Se podrá tener el 20% de ERNC en Chile?Chile aspira a pasar del actual 1,8% a un 10% de ERNC hacia el año 2024, según la Ley 20.257. Eso es lo que hay. Sin embargo, existe una meta popularizada como 20/20, que pretende que de aquí al año 2020, se llegue a tener un 20% de la matriz energética con ERNC.

Según los expertos, se debiera poner el acelerador en esta iniciativa.

"Esto significaría contar con un suministro eléctrico más diversificado, sin tanta dependencia de combustibles fósiles importados. Además, reduciría las emisiones de CO2 en 80 millones de toneladas, equivalente a eliminar las emisiones del actual sistema eléctrico al año", sostiene José Ignacio Escobar, gerente general de Mainstream Renewable en Chile.

 

Fuente: Revista del Campo - El Mercurio.

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